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Niceto Alaclá-Zamora y Torres. Foto:Commons
Niceto Alcalá-Zamora y Torres
, abogado y político. Nació en la localidad cordobesa de Priego de Córdoba en 1877 y murió exiliado en Buenos Aires, Argentina en 1949 a los 76 años de edad. Era hijo del secretario del Ayuntamiento de ese pueblo cordobés. Fue el primer presidente de la Segunda República Española.

Formación
Pasó su infancia y adolescencia en su pueblo natal Priego, siendo un brillante alumno del Instituto Aguilar y Eslava de Cabra. Estudió Derecho por la Universidad de Granada, en 1898 defendió con éxito, en la Universidad Central de Madrid, su tesis doctoral, titulada «El Poder en los Estados de la Reconquista», y lograba el Premio Extraordinario de doctorado. Al año siguiente y con apenas veintidós años ganaba, con el número uno, las oposiciones al selecto Cuerpo de Letrados del Consejo de Estado.
Iniciación política
Desde muy joven había profesado ideas liberales y monárquicas, lo que le llevó en su juventud a entrar en el Partido Liberal, liderado entonces por Práxedes Mateo Sagasta y Segismundo Moret, pero, más adelante, se adscribió al Partido Liberal Democrático (PLD) de Manuel García Prieto.
Política
Fue elegido diputado por La Carolina en 1905 y 1907 y se distinguió como un gran orador en las Cortes. Niceto Alcalá-Zamora fue ocupando cargos político-administrativos desde que fue director de Administración Local y subsecretario de Gobernación. También se mantuvo al tanto de la discusión de las Mancomunidades, un programa presentado por José Canalejas con el fin de solventar el problema de la configuración territorial española. Fue también representante de España en la Sociedad de Naciones.
Cargos ministeriales
Al cumplir los 40 años, en 1917, ya era conocido como un abogado de gran prestigio, cuando se hizo cargo de la cartera del Ministerio de Fomento (1917) en el gobierno de Manuel García Prieto, marqués de Alhucemas. Aquel gobierno no sobrevivió ni siquiera un año. Aún volvería a ser ministro, en este caso de la Guerra (1922) con García Prieto en el último Gobierno constitucional de la monarquía de Alfonso XIII.
Dictadura de Primo de Rivera
Cuando el general Miguel Primo de Rivera dio el golpe de Estado en 1923 e instauró el Directorio Militar, Alcalá-Zamora fue modificando su postura política hasta convertirse en uno de los más firmes opositores al régimen dictatorial del general Primo de Rivera y de la monarquía alfonsina, principal baluarte de la dictadura militar.
Fin de la Dictadura
En 1930, cuando Primo de Rivera ya había dimitido de su cargo y había sido sustituido por el general Dámaso Berenguer, que tenía el encargo de Alfonso XIII de volver al régimen constitucional de 1876, Alcalá-Zamora pronunció un discurso en el teatro Apolo de Valencia en el que retiró su apoyo y confianza a la monarquía, reivindicando una república basada en un modelo similar a la Tercera República Francesa, esto es, apoyada en las clases medias y en los intelectuales.
Pacto de San Sebastián
Junto con Miguel Maura y su partido, Derecha Liberal Republicana, representó al republicanismo conservador en el Pacto de San Sebastián celebrado en 1930, destinado a impulsar un movimiento popular que derrocase a la monarquía e instaurara la República. De ese pacto surgió un Comité Ejecutivo encargado de dirigir la acción republicana en España y Alcalá-Zamora fue elegido presidente. El 12 de diciembre de 1930 tuvieron lugar los sucesos de Jaca, cuando los capitanes Galán y García Hernández proclamaron la República en la guarnición de Jaca e iniciaron una marcha hacia Huesca pero, vencidos por las fuerzas gubernamentales, fueron juzgados y ejecutados. A raíz de esos sucesos, parte del comité, y entre ellos Alcalá-Zamora, fueron detenidos por el Gobierno. El juicio público, celebrado en marzo de 1931, les condenó a seis meses y un día que fueron sustituidos por libertad condicional.
Elecciones Municipales de 1931
El día 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales. El escrutinio distribuyó 19.035 concejales proclives a Alfonso XIII, 39.568 republicanos y 15.198 tradicionalistas, integristas, nacionalistas vascos, independientes, etc.. En 41 de las 50 capitales de provincia ganaron los republicanos. En Barcelona, los republicanos cuadruplicaron los votos monárquicos, y en Madrid los triplicaron. Alfonso XIII, partidario frente a alguno de sus ministros de que no hubiese derramamiento de sangre, se exilió ante el ultimátum del Comité Revolucionario presidido por Niceto Alcalá-Zamora.
Primer gobierno provisional republicano
Niceto Alcalá-Zamora contó desde el primer momento con el apoyo popular y con el de la Guardia Civil, mandada en aquellos momentos por el general José Sanjurjo, se convirtió en presidente del gobierno provisional. Alcalá-Zamora y Maura garantizaban la presencia de la burguesía conservadora en el gobierno y la continuidad política dentro de un régimen distinto.
Proclamación de la Seguna República
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Primer gobierno republicano de 1931

Este gobierno proclamó la Segunda República el 14 de abril de 1931; mientras el rey embarcaba en Cartagena y su familia tomaba un tren que les llevaría hacia Francia. El 15 de abril, el nuevo gobierno hizo público un programa de actuación basado en los acuerdos del Pacto de San Sebastián. Fue anunciada una reforma agraria, libertad de cultos y creencias, respeto a la propiedad privada, responsabilidades a los colaboradores de la dictadura, aumento gradual de las libertades individuales y sindicales, etc.
Primeras dificultades
Apenas accedió al poder, el gobierno republicano, tuvo que enfrentarse a la proclamación de la República Catalana y a los sucesos anticlericales del mes de mayo. También hubo muchas dificultades con las organizaciones anarquistas que negaron su colaboración con la nueva República.
Constitución republicana
El gobierno se fue inclinando hacia la izquierda, representado en el republicanismo de Manuel Azaña, postura que claramente se reflejó en la redacción de la Constitución de 1931. La cuestión clerical enfrentó de nuevo a republicanos conservadores e izquierdistas, socialistas y radicales, y finalmente Alcalá-Zamora y Maura abandonaron el gobierno el 14 de octubre de 1931.
Presidencia de la Republica
Temiendo que Alcalá-Zamora emprendiera una campaña revisionista y de desprestigio contra la República, los socialistas y los azañistas convinieron en ofrecerle la presidencia de la República, cargo para el cual fue elegido candidato único el 2 de diciembre. Juró el cargo el 11 de diciembre de 1931.
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Hombre autoritario y convencido de su misión, desde el primer momento trató de intervenir en los asuntos del gobierno. Por esta razón, quedó apartado del papel que le correspondía, es decir, compensar el jacobinismo del entonces presidente del gobierno, Manuel Azaña. La idea del presidente de la República era incorporar a la dirección de España las nuevas fuerzas surgidas después de la Restauración y contenidas por los últimos Borbones.
Los problemas con Azaña
Las relaciones con el Gobierno eran oscilantes. Cuando Azaña le presentó para su ratificación la ley de Congregaciones (ley de secularización de la enseñanza) y la ley del Tribunal de Garantías Constitucionales, que completaban la Constitución de 1931, Alcalá-Zamora se resistió al máximo a firmar ambas leyes, pero no se atrevió a vetarlas. La oposición le acusó de morosidad intencionada.
Más tarde, con ocasión de un reajuste de gobierno, las diferencias volvieron a surgir y Azaña dimitió con su gabinete. Tras varias consultas fallidas, Alcalá-Zamora volvió a nombrar como Presidente del Consejo de Ministros a Azaña (12 de junio), hecho que decepcionó a los conservadores.
Meses más tarde, en septiembre, Azaña dimitió. Alcalá-Zamora disolvió las Cortes Constituyentes y, después de un fugaz mandato del radical Alejandro Lerroux, le encargó al también radical Diego Martínez Barrio la celebración de nuevas elecciones en octubre de1933.
El bienio radical-cedista
Las fuerzas derechistas ganaron ampliamente las elecciones de noviembre de 1933, las primeras de la historia de España en las que pudieron votar las mujeres. Alejandro Lerroux formó gobierno por encargo del presidente y con la anuencia de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), dirigida por José María Gil-Robles. Alcalá-Zamora se llevó mal con los radicales y sobre todo con la CEDA, ya que desconfiaba del espíritu democrático del partido de Gil-Robles, que, si bien se declaraba respetuoso con el orden establecido, no había jurado lealtad a la República.
En octubre de 1934 tuvo que volver a recurrir a Lerroux que formó gobierno con tres ministros de la CEDA, pero la revuelta de la Generalitat el 6 de octubre de 1934 en Barcelona, la revolución de Asturias, su indecisión y el escándalo del "estraperlo" impidieron una acción de gobierno coherente.
Por otra parte, Alcalá-Zamora utilizó todos sus recursos para apartar a la CEDA del poder hasta que la crisis de gobierno del 9 de noviembre de 1935 le ofreció esta oportunidad. Nombró primer ministro a su amigo Manuel Portela Valladares, que presidió un interregno entre noviembre de 1935 y febrero de 1936. Su intención era crear una fuerza de centro entre la derecha radical-cedista y la izquierda social azañista.
Destitución
El Frente Popular ganó las elecciones de febrero de 1936. Si esto fue una derrota para la derecha, también lo fue para Alcalá-Zamora y sus aspiraciones. Azaña fue el encargado de formar gobierno. Los republicanos de izquierdas no habían olvidado la actitud de Alcalá-Zamora desde junio de 1933.
Se abrió un debate en las Cortes sobre la inconstitucionalidad de la última disolución de las mismas, ya que según la Constitución de 1931, el Presidente estaba facultado para disolver las Cortes dos veces, pero la segunda disolución podía ser sometida al enjuiciamiento de la Cámara, y si una mayoría consideraba que se había cometido alguna irregularidad, el Presidente podría ser destituido.
La controversia se produjo cuando la nueva mayoría de las Cortes, considerando que ésta era la segunda disolución, enjuician la actuación del Presidente y dictaminaron que la disolución se había producido con mucho retraso, por lo que el Presidente debía ser destituido.
Sin embargo, había quien opinaba que ésta era la primera disolución, ya que la anterior la de 1933 no debía contarse al tratarse de las Cortes Constituyentes, las que elaboraron la Constitución y por tanto eran anteriores a ella.
Finalmente, el 7 de abril de 1936, 238 diputados votaron a favor de la destitución por sólo 5 en contra. 174 diputados abandonaron la cámara o se encontraban ausentes, por lo que el Presidente fue destituido. Éste en principio se resistió, pero abandonado por todos tuvo que admitir el cese.
Después de unas semanas en las que se hizo cargo de la Jefatura del Estado de forma interina Diego Martínez Barrio, en su calidad de Presidente de las Cortes, fue sustituido por Manuel Azaña el 11 de mayo de 1936.
Guerra y exilio
El inicio de la Guerra Civil le sorprendió en un viaje por Noruega. Decidió no regresar a España cuando se enteró, según cuenta en sus memorias, reescritas durante el exilio, de que milicianos del Frente Popular habían entrado ilegalmente en su domicilio, robándole sus pertenencias y saqueado asimismo su caja de seguridad en el banco Crédit Lyonnais de Madrid, llevándose el manuscrito de sus memorias, parte del cual fue publicado en la prensa republicana durante la guerra y ampliamente comentado por Manuel Azaña en sus Memorias. Fijó su residencia en Francia, donde le sorprendió la Segunda Guerra Mundial.
Exilio en Argentina
Debido a la actitud colaboracionista del gobierno de Vichy, salió de Francia y tras un penosa y auténtica odisea de un interminable viaje de 441 días en barco llegó Buenos Aires (Argentina ) en enero de 1942. En su exilio en la capital argentina desarrolló una importante labor como ensayista y conferenciante, donde vivió de su trabajo intelectual. Más que vivir, malvivió.
Hasta poco antes de su muerte, hizo gala de su gran oratoria en las tribunas de centros culturales e incluso en los teatros, a cuyos escenarios se le sacaba en silla de ruedas, desde su invalidez. Allí se enardecía y transfiguraba en su contacto con el público, que esperaba expectante su discurso lleno de erudición poco común, memoria prodigiosa y gracejo andaluz.
No quiso volver a España durante la dictadura franquista, aunque, al parecer, se le hizo algún ofrecimiento, ya que un hijo suyo estaba casado con una hija del general Queipo de Llano, uno de los protagonistas de la sublevación y a que Niceto Alcalá-Zamora era un republicano católico reconocido. Su cadáver fue repatriado a España en 1979 y enterrado en el cementerio de la Almudena de Madrid.
Memorias
A mediados de diciembre de 2008 unos 1.200 documentos históricos fueron recuperados por la Guardia Civil. Entre ellos estaban las memorias manuscritas del presidente Alcalá-Zamora, así como cartas y diversos papeles que le fueron sustraídos en febrero de 1937.
Los herederos han decidido emprender un proceso que culmine con la recuperación de los documentos, tal como ha manifestado su nieto el historiador y miembro de la Real Academia de la Historia, José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano, quien considera necesario hacer público el documento que más luz puede arrojar sobre la Historia de España de aquellos convulsos años.
Obra literaria
En su exilio y siendo un jurista siempre interesado por los americanos, publicó en 1944, un magnifico tratado, titulado "Nuevas reflexiones sobre las Leyes de Indias", que tuvo una gran acogida en las universidades americanas. Su labor como ensayista fue verdaderamente transcendental en su exilio argentino.
Se han encontrado en Valencia los originales de sus Memorias políticas, un documento de primerísima mano para conocer otra visión de la España de aquel periodo
El resto de su producción literaria fue:

  • El regionalismo y los problemas de Cataluña, 1916
  • El expediente Picasso, 1923
  • La unidad del Estado y la diversidad de sus legislaciones civiles, 1924.
  • Discursos escogidos políticos y parlamentarios de Emilio Castelar, 1943.
  • Lo que puede ser y lo que no puede ser, 1945
  • La oratoria española, 1946.
Academias
Fue miembro de las Academias de Jurisprudencia, Morales y Políticas y Española. Niceto Alcalá-Zamora. Fue elegido Presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación el 23 de mayo de 1930 por 201 votos a favor y uno en blanco (el suyo propio). Seis días después, el recién elegido Presidente pronunció en la misma Academia un discurso titulado «La Constitución que precisa España».

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Fuentes

Bibliografía


  • J. Tomás Villarroya, La destitución de Alcalá-Zamora. Fundación Universitaria San Pablo-CEU, Madrid, 1987. ISBN 84-600-5280-X
  • J. L. Casas Sánchez, Niceto Alcalá-Zamora y Torres (1877–1949). Mancomunidad de la Subbética, Carcabuey, 2006. ISBN 84-611-2331-X
  • C. Zaragoza, El Presidente. Plaza & Janés, Barcelona, 1987. ISBN 84-01-38112-6

Niceto-Alcalá Zamora y Torres. Cordobapedia

Editor: FRB